Concentración GaliciaEl pasado viernes 22 nos manifestamos, bueno se manifestaron compañeros y compañeras de Galicia frente a la sede de la Seubcentral de Mapfre en A Coruña. La causa era justa y necesariamente reclamable. No se puede andar ahora por ahí haciendo de cacique desinflado imponiendo la santa voluntad de hacer y deshacer a su antojo por el mero hecho de ser el que manda. Hoy en día, afortunadamente, vivimos en un país con leyes y reglas de juego muy claras (vale, no todas, pero algunas si). Y como todos jugamos, todos debemos respetar las reglas. Cuando algo se hace mal, e incluso, intencionadamente mal, lo primero es rectificar, luego reconocer, y más tarde enmendar para no repetir. Lo que ocurre es que en esta empresa nuestra aún existen personajes poco dados a la racionalidad, y más al "puñetazo en la mesa". Y lo que no podemos, ni debemos, consentir es que se juegue graciablemente con los puestos de trabajo, con las personas y con la representación legal de los trabajadores (o sea, nosotros). 

Así que, como empezamos diciendo, nos manifestamos. Una concentración con cierto éxito y afluencia de color, pancartas y esforzados voluntarios y voluntarias. Lo que no sabemos aún es si eso servirá para algo más que para cabrear a la empresa y que nos miren de soslayo, que es como se suele mirar al enemigo cuando se cuela en tu casa y anda trasteando y revolucionando al personal. Y no lo sabemos porque algunos elementos de dirección parecen tener la sangre caliente para unas cosas, pero extrañamente fría para otras.

Esperamos pacientemente algún resultado, alguna reacción, y si no ocurre nada, pues, eso: ¿qué hacemos? ¿Otra concentración? ¿Otro comunicado?...
A veces uno se plantea muchas cosas, algunas dudas y varias meditaciones existenciales, pero acaba recurriendo a dos cosas esenciales: O te cabreas o te resignas. Si te cabreas, ya sabes, pierdes el control y puedes hacer cualquier barbaridad. Pero si te resignas, te toman por el pito del sereno, y ya sabemos que esos señores (que ya no existen pero alguien ha pensado en volverlos a contratar) pitan poco y a altas horas de la noche.
Pero también nos queda la indiferencia, esa dama peligrosa que parece pasearse por palacio sin hacer ruido, pero que todos la miran con cierto resquemor, con algo de respeto. Y es que al final resulta que a la "quita callando" anda envenenando las lenguas y la comida, va dejando cadáveres en los rincones y al final puede resultar que mejor hubiera sido cabrearse o resignarse antes de contrariar a dicha doncella.
Cuentan por ahí que cierto personaje, cuando le preguntaban que tal le iba la vida, siempre respondía que muy bien. Así que un amigo le inquirió en una ocasión sobre el por qué de esa respuesta reticente, cuando el sabía que en muchas ocasiones lo había pasado realmente mal. A lo que nuestro protagonista respondió, eso sí, en confianza, que si la pregunta se la hacía un amigo estaba seguro que la respuesta le alegraría, pero si era un enemigo quien formulaba dicha cuestión, que además siempre sería con cierta sorna, le iba a sentar fatal. ¿Y que mayor alegría que ver al enemigo cabreado (o resignado)?.
Nos seguiremos manifestado, cuando y dónde haga falta, e intentaremos no cabrearnos (al menos, demasiado), ni resignarnos (sólo lo suficiente), pero que tengan cuidado con nuestra indiferencia, puede que se levante un día con pocas ganas de amigos, un volumen de la carta magna en una mano y una fusta en la otra, y que no se ponga nadie por delante...