¿Estamos frente a un retroceso en los derechos laborales, sociales y sindicales? ¿los políticos europeos trabajan para todos los ciudadanos o sólo para los poderes empresariales y el dinero?...
Podríamos hacernos muchas preguntas más y seguiríamos sin entender que es lo que está pasando por algunas cabezas (se supone que pensantes), cuando en vez de avanzar en los derechos básicos de los trabajadores y trabajadoras, se sumergen en tácticas retrógradas que nos acercan, más que al estado de bienestar, al estado de esclavitud de otras épocas pasadas o de países cuyo desarrollo sostenible está siendo ultrajado de continuo por las ambiciones políticas y empresariales.
La avaricia de los inversores, el egoísmo del comercio, la ambición del poder y el poder de la economía están esquilmando y socavando las estructuras que creíamos sólidas de nuestra sociedad moderna europea, y por efecto de dominó sepultando las escasas esperanzas de otros pueblos menos afortunados, más al sur...Aumentar hasta 65 las horas posibles de trabajo semanal es la gota que colma el vaso de nuestra paciencia sindical.
Ya no basta con desmembrar los puestos de trabajo deslocalizando, temporalizando los contratos, despidiendo ante cualquier mínima amenaza de no alcanzar los ambiciosos proyectos de riqueza empresarial o de pérdidas bursátiles... ahora hay que trabajar más horas para sacar adelante la ruina que ellos han fomentado, o nos hacen creer que existe.
Quizá el futuro pase por resultar más económicos a nuestras empresas, más rentables a nuestra sociedad, y menos obsesionados con la conciliación. A fin de cuentas estamos en crisis, nos asustan con sus números rojos y nos amenazan con sus hipotecas trampas, y la implicación de los medios de comunicación empieza a ser preocupante. O si no pararse a ver un telediario de principio a fin... te entran ganas de salir corriendo y no regresar.
Es completamente absurdo pensar que los problemas originados por los desajustes sociales y económicos tienen que pagarlos siempre los mismos. Los que hasta hoy se estaban lucrando de manera vergonzante con el famoso "ladrillo", ahora solicitan ayudas al gobierno para no colgar el letrero de "cerrado". Y lo primero con lo que amenazan es con las cifras del paro.
Suben los carburantes, protestan los transportistas, se desabastecen los comercios, se genera una locura colectiva de acaparar de todo sin sentido ni practicidad como si necesitáramos de vez en cuando nuestra ración de caos para no morirnos en el aburrimiento de una vida manejada y manipulada desde y por el poder económico.
Lo dicho, 65 horas semanales, crisis, huelgas (siempre por culpa de los sindicatos), amenazas, caos económico... y encima nos quieren invadir esos del sur, así que habrá que encerrarlos 18 meses y aprovechar para que, ya que están ahí, trabajen un poco (¿65 horas a la semana?) a cambio de un catre, un poco de comida y un visado seguro y rápido a su país de origen, que para eso la economía está jodida y el "ladrillo" se está poniendo por las nubes... y cuando caiga habrá que buscar refugio bajo los árboles, si no los han cortado y/o quemado todos...
¡Dios que cruz! ¿Dios... Dios...?, Ah, pues no está...