Abierto Al Amanecer

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J.M. Vivas.

Enemigos De Nadie

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Ya se que vivimos tiempos convulsos y de mucha competitividad (excesiva quizá, diría yo), pero existen actuaciones que rayan la ilegalidad, el despropósito y la desvergüenza.

En Mapfre estamos atravesando una etapa complicada, con cambios organizativos importantes, relevo generacional y estructuras reformadas. Todo ello, por supuesto, afecta también a nuestro trabajo diario como sindicalistas, tenemos que reorganizar nuestros sistemas y plantearnos las actuaciones electorales que se nos avecinan. Y todo ello sorteando las continuas zancadillas, no ya sólo de la empresa, sino también de los compañeros de “la competencia”.

¿A qué estamos jugando?, ¿tan importante es ganar terreno como sea, a costa de lo que sea y de quién sea?, ¿para qué estamos aquí, para ayudar a los trabajadores y trabajadoras, o para ganar méritos de dudosa estupidez? 

Algunos y algunas deberían analizar porqué un día decidieron hacerse delegados sindicales, y cuales son sus verdaderas metas.

Soy capaz de entender ciertas ambiciones personales y/o del sindicato de turno. Los números y las estadísticas se inventaron para presionar a los afectados y escandalizar a las hienas. Pero en todo hay un límite y todo tiene su medida. No podemos andar haciendo trampas, buscando culpables, mintiendo y engañando al personal por un puesto en el comité, o una presidencia del mismo.

Mi inocente parecer es que los sindicatos deberíamos estar unidos frente a las empresas, sin fisuras ni dudas. Luego, en las elecciones que sean elegidos lo que la mayoría considere más oportuno (por su valía, esfuerzo o confianza), pero sin empujones, malos modos o rencores. Nadie es perfecto, pero casi todos/as tenemos algo que demostrar, así que hagámoslo de manera civilizada. 

Uno de los cánceres más extendidos en nuestra sociedad capitalista es, sin duda, el de la competitividad. No toda ella es mala, pero su excesivo celo está provocando muchas catástrofes personales, reyertas lindando la criminalidad y, por supuesto, ambientes laborales insoportables. Mientras la gente no aprenda a medir sus ambiciones, diferenciar sus objetivos y controlar sus emociones, me temo, que al final esto se puede convertir en una guerra de caníbales sin escrúpulos, por lo que terminaran devorándose a si mismos.

Luego, además, algunos personajes que se creen herederos de los valores más sublimes de su empresa (que no es suya, aunque se lo crean), andan por ahí diciendo algo así como que “estos del sindicato se están pasando de la raya”, por el simple hecho de seguir defendiendo a los más desprotegidos, es decir a los de siempre, al trabajador/a de turno. Ese o esa que es fácil de eliminar (si molesta un poco, no nos cae demasiado bien, además es feo/a y vota en las elecciones sindicales). Pero ellos, los herederos del reino, pueden despilfarrar, embaucar, desprestigiar y desprestigiarse, y no pasa nada. ¿Se creen que estamos aquí para joderles el invento?, ¿Qué somos enemigos de la empresa, cuando en realidad somos lo que mas hacemos por ella? (recordar que la empresa somos todos/as), ¿no se dan cuenta que mucha de nuestra labor radica en recordarles que hay leyes que acatar, acuerdos que cumplir y personajes que controlar (para evitar que metan la pata de continuo)?. 

Se equivocan quienes consideran que nosotros, los del sindicato, somos los enemigos. El verdadero enemigo son ellos mismos, quienes no aceptan la convivencia social, la crítica constructiva, el diálogo y la empatía. Afortunadamente cada vez existen más compañeros y compañeras capaces de entender que podemos, y debemos, trabajar conjuntamente para que los derechos y las obligaciones de todos y todas no se transformen en abusos y cargas, en caciquismo y esclavitud, en la ambición de unos/as y la derrota de muchos/as.

No somos enemigos de nadie, ni tan siquiera contrarios. No podemos considerar nuestra tarea como una lucha fratricida ni como una guerra despiadada. Los buenos resultados los obtenemos todos/as y los malos también. Si tenemos claro eso, es posible que algún día podamos sentarnos a la misma mesa y resolver los problemas con eficacia. 

En mi trabajo de muchos años, aprendí que la negociación no significa robarle al otro sus derechos, sino acercar las obligaciones de cada parte para ponerlas en común y que sean una sola meta al alcance de todos/as.

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