Los Planes Individuales de Ahorro Sistemático son nuevos productos creados con la reforma del IRPF.
Son seguros de vida destinados a los particulares, que pueden invertir un máximo de anual de 8.000 euros en ellos, pudiéndose acumular un máximo de 240.000 euros.
Su principal atractivo es la posibilidad de cobrar la inversión con importantes beneficios fiscales si se cumplen una serie de condiciones. Una de las principales, es que el producto debe tener una antigüedad mínima de diez años desde el pago de la primera prima, hasta el momento de la recuperación del ahorro.
Si este cobro se realiza en forma de renta vitalicia, el asegurado tributará sólo por una parte de lo recibido, que es menor cuanto mayor es el titular de la póliza.
Las exenciones más pequeñas, son las fijadas para los menores de cuarenta años, y llegan al 60%, con lo que tributa sólo el 40%, que se queda en un 7,2% de tributación final, al aplicarle el 18%, gravamen general del ahorro.
El mayor beneficio es para los mayores de setenta años. En este caso, el asegurado sólo tributa por el 8% de la renta recibida (el 92% está libre de impuestos), que supone una fiscalidad final del 1,44%. El cliente puede mantener su patrimonio como si fuera una cuenta corriente o un depósito, y disponer de su dinero si lo necesita.
En estas recuperaciones, lo recibido tributa al 18% como el resto del ahorro, aunque hay que tener en cuenta que en el primer año de vida del producto algunas entidades penalizan los rescates. Al final de los diez años, el patrimonio acumulado disfrutará las ventajas fijadas.
Los PIAS son un producto muy adecuado para colocar el ahorro de los inversores de perfil conservador. Hay quien afirma que el límite de aportación que tienen, no permiten acumular un ahorro suficiente para poder cobrar después una renta vitalicia.
Posiblemente, el éxito del producto dependerá fundamentalmente del mantenimiento de las ventajas fiscales del producto. Los planes de ahorro sistemático que se pueden encontrar en el mercado, garantizan una rentabilidad mínima que, en algunos casos, puede elevarse según la evolución de los mercados en que está posicionado,(renta fija o en bolsa).
La rentabilidad de los planes de pensiones de particulares, se situó a cierre de noviembre en el 3,02%, con lo que se coloca por debajo del IPC, que cerró noviembre en el 4,1.
Los planes con mayor rentabilidad hasta el pasado mes de noviembre fueron los de renta variable, que alcanzaron el 8,63 %, seguidos de los de renta variable mixta (5,39%), y renta fija mixta (2,21%). A continuación, se situaron los fondos de pensiones garantizados (1,84%), por delante de renta fija a corto plazo (1,84%) y renta fija a largo plazo (0,47%).
Hay dos temas básicos que serán los catalizadores del éxito de estos productos:
1.- La rentabilidad de la inversión. El inversor tendría que poder decidir donde invertir.
2.- La rentabilidad de la renta vitalicia. La cantidad máxima a invertir es muy pequeña y la rentabilidad muy baja.
Las posibles desventajas son:
a) El inversor contrata un producto que es un seguro, con lo que ello conlleva de pérdida de rentabilidad. Por ello, previsiblemente, tendrán baja rentabilidad para el inversor.
b) El inversor decide en que invierte. Pero si quiere vender necesitará un comprador
A finales de septiembre pasado, los planes de ahorro sistemático, acumulaban un ahorro de 347 millones de euros, repartidos entre 106.927 asegurados, según datos de Unespa, la patronal del sector.





